jueves, 11 de junio de 2009

Religión


la vida religiosa de los mapuches estaba basada en la existencia de un mundo poblado de espíritus y dioses que viven en todo elemento existente.
Sin embargo, su politeísmo se resumía en un solo dios creador de todas las cosas, un ser todopoderoso llamado neguechén o pillan, el cual tiene poder de dar la vida a alguien o matarlo. A este ser se le asociaban manifestaciones de la naturaleza, como los truenos, el fuego, las erupciones volcánicas y los sismos.

También practicaban el culto a los tótemes, entre los que se puede mencionar el cielo (huenu), el sol (antü), el mar (lavquen), el río (lenfu), la piedra (cura) y el agua (co).
Cada tribu invocaba a su totem respectivo, cuyo nombre era utilizado en los apellidos y del cual descendía de acuerdo a la alianza entre el Pillán y el tótem.

Cuando fallecía un mapuche, su cadáver era ahumado para conservarlo y velarlo durante varios días. El pesar y la tristeza provocada por la muerte era demostrada con gran dolor, y cuando el nombre del difunto ya no era pronunciado, se lo enterraba vestido con sus mejores ropas y provisto de alimentos, chicha, adornos y armas. Luego de cubrir el cuerpo con tierra, los familiares consultaban al adivino o dunguve, para identificar quién era el responsable de la muerte y así cobrar venganza. Si no eran compensados satisfactoriamente, atacaban al presunto culpable con el fin de matarlo.

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